Cuando la lluvia cerró el pueblo y todos se metieron en sus casas, la señora Lola me llamó desde su ventana. —Ven, que hoy hacemos butifarra, que no se pierde la costumbre. Entré en su cocina, que olía a pimienta y a ajo, y vi que ya tenía la carne picada, la tripa limpia y un embudo de hojalata. Lo